Hoy vamos a hablar de cine.
Forever strong. 2008 EEUU
Basada en hechos reales, la película cuenta la historia del Highland Rugby, un equipo de la ciudad norteamericana de Salt Lake City, que se destaca por sus logros en el rugby local. La historia planteada se basa en el Club Highland Rugby. Fundado hace 33 años, este club ha logrado una marca de 376 victorias con solo 9 derrotas ante colegios estadounidenses, obteniendo 17 campeonatos nacionales. Larry Gelwix, creador del equipo, fue el asesor principal de la película.
Si bien los momentos detallados a lo largo de la cinta no sucedieron a lo largo de una misma temporada, Gelwix aclara que todos “son reales”.
“Forever Strong” busca mostrar al rugby como un deporte que sirve de móvil para mejorar a las personas. Quienes trabajaron en su filmación debieron de aprender del mismo, ya que el propio Director, Ryan Little, desconocía prácticamente todo del deporte. La idea de realizar el film partió de Brad Pelo, el Productor Ejecutivo, quien quedó enamorado del rugby durante una filmación en Nueva Zelanda.
La película cuenta con las actuaciones de Sean Faris, a quién se lo promociona como el nuevo Tom Cruise, Gary Cole, Penn Badgley y Sean Astin, quien hizo de uno de los hobbits (Sam) en El Señor de Los anillos.
En España no se ha estrenado en cines, asi que tendremos que esperar a su estreno directamente en TV o en DVD. En redes P2P (emule y similares) se puede encontrar una version original con subtitulos (subtitulos en castellano latinoamericano).
Pagina oficial
viernes, 23 de octubre de 2009
miércoles, 14 de octubre de 2009
RUGBY DINAMICO
Ultimamente se ven muchos partidos que se deciden sin ensayos, solo con patadas transformadas. Y eso condiciona el juego, se busca conservar el balón y que el rival cometa golpe de castigo. No es que critique esta forma de juego; es totalmente valida si ademas tienes los jugadores ideales pra hacer ese juego... pero como espectador se agradecen partidos como el de la Heineken Cup jugado la semana pasada por Toulouse. Juego a la mano, muy dinámico, creativo, el Rugby Champagna de Francia que empezabá a olvidarse por las nuevas modas... Ahora falta que Gales recuperé su Rugby con Patillas de los años 70...
sábado, 10 de octubre de 2009
El rugby como herramienta transformadora
Hablar de aspectos que hacen estrictamente al juego como ser su costado técnico, táctico o mental es adentrarse en el rugby mismo, pero no en su esencia como deporte formativo.
Por ello, entiendo que el punto de partida para quienes integramos la gran familia del rugby es mantener su espíritu y conservar aquellos principios fundacionales que lo hacen absolutamente distinto y único.
Así, podrán cambiar las reglas, las tácticas o estrategias; podrá cambiar su forma externa o su fachada, pero en su esencia seguirá siendo siempre el mismo.
El rugby – hay que decirlo – es hoy un deporte distinto. Muchas cosas han cambiado a su alrededor. El dinero, los intereses económicos, la fama y los privilegios son moneda corriente y deambulan por el deporte con sobrada naturalidad. Pero esta en nosotros -vinculados al juego- cultivar la inteligencia y la sabiduría de poder cambiar nuestras ideas, sin renunciar ni modificar nunca nuestros ideales.
Empecemos entonces por el principio, que no es otro que el origen del rugby como deporte. El rugby nace en el siglo XIX como instrumento para disciplinar a los jóvenes ingleses, poco apegados al cumplimiento de normas y reglas. Así, casi mágicamente, aquel instrumento magnifico ideado en la Escuela Pública de la Ciudad de Rugby se multiplicó de manera magistral por Colegios y universidades inglesas y logró llegar casi inalterable hasta nuestros días.
El rugby ha sido concebido desde siempre como un instrumento de cambio, como un elemento transformador de la realidad de quienes lo enseñan o practican. El rugby es un deporte formativo y ese valor constituye su elemento distintivo por excelencia, lo cual lo hace absolutamente único en el universo del deporte.
Esta claro que el rugby ha tenido un progreso ininterrumpido y una evolución notable a través de tiempo. Suficiente es observar el grado de crecimiento y evolución como deporte, para darnos cuenta de su real magnitud, hasta convertirlo en el tercer acontecimiento deportivo más relevante de este planeta, solo detrás del Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos.
También es incuestionable que de la mano de sus nuevas reglas el rugby ha crecido como espectáculo, con mayores televidentes y espectadores cada día.
Pero, al margen de ese panorama tan gratificante y alentador para cualquier hombre del rugby ¿qué seria de este juego sin su poder de transformación? ¿Qué seria del rugby sin su capacidad para transformar la realidad de la gente? En efecto, de poco serviría su alocado crecimiento y difusión por el mundo si el rugby no continúa siendo una herramienta transformadora.
Es saludable pretender su desarrollo y crecimiento, y es lógico también aspirar a que el rugby genere adeptos y simpatizantes por todo el mundo, pero de nada serviría si no va acompañado de su elemento distintivo.
Sin ese valor agregado que lo hace único, sin ese distintivo que lo eleva y enaltece por sobre el resto, el rugby se convertirá indefectiblemente en una disciplina ordinaria, ni más ni menos importante que otras tantas en el universo del deporte.
Sabemos ciertamente que el rugby es mucho más que un deporte, sino – por sobre todo – un medio para formar y educar a las personas, un instrumento para relacionarnos y un vehículo para evolucionar como personas sociales. Esta claro que convivimos a diario en un mundo contaminado, repleto de jóvenes sin rumbo, ni ideales; con individuos carentes de objetivos y sentido de identidad. Para todo ellos, el rugby puede representar un escape. Puede significar una brújula que guíe y orienta la conducta de los jóvenes en medio de tanto barullo y desorientación.
Conservar los principios fundacionales de este deporte constituye hoy el punto de partida, porque esta claro que un rugby huérfano de valores e ideales no sirve como herramienta transformadora. Como hombres de rugby, ese el verdadero desafío que tenemos por delante.
Aquella monumental obra iniciada en 1823, que logró transformar la realidad educativa de Inglaterra a través del rugby, es la que nos pone a prueba casi dos siglos después. De nosotros depende mantener al deporte al margen de la crisis y en condiciones saludables.
Sebastian Peraso (extraido de su blog http://rugbydidactico.rugbytime.com/ )
Por ello, entiendo que el punto de partida para quienes integramos la gran familia del rugby es mantener su espíritu y conservar aquellos principios fundacionales que lo hacen absolutamente distinto y único.
Así, podrán cambiar las reglas, las tácticas o estrategias; podrá cambiar su forma externa o su fachada, pero en su esencia seguirá siendo siempre el mismo.
El rugby – hay que decirlo – es hoy un deporte distinto. Muchas cosas han cambiado a su alrededor. El dinero, los intereses económicos, la fama y los privilegios son moneda corriente y deambulan por el deporte con sobrada naturalidad. Pero esta en nosotros -vinculados al juego- cultivar la inteligencia y la sabiduría de poder cambiar nuestras ideas, sin renunciar ni modificar nunca nuestros ideales.
Empecemos entonces por el principio, que no es otro que el origen del rugby como deporte. El rugby nace en el siglo XIX como instrumento para disciplinar a los jóvenes ingleses, poco apegados al cumplimiento de normas y reglas. Así, casi mágicamente, aquel instrumento magnifico ideado en la Escuela Pública de la Ciudad de Rugby se multiplicó de manera magistral por Colegios y universidades inglesas y logró llegar casi inalterable hasta nuestros días.
El rugby ha sido concebido desde siempre como un instrumento de cambio, como un elemento transformador de la realidad de quienes lo enseñan o practican. El rugby es un deporte formativo y ese valor constituye su elemento distintivo por excelencia, lo cual lo hace absolutamente único en el universo del deporte.
Esta claro que el rugby ha tenido un progreso ininterrumpido y una evolución notable a través de tiempo. Suficiente es observar el grado de crecimiento y evolución como deporte, para darnos cuenta de su real magnitud, hasta convertirlo en el tercer acontecimiento deportivo más relevante de este planeta, solo detrás del Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos.
También es incuestionable que de la mano de sus nuevas reglas el rugby ha crecido como espectáculo, con mayores televidentes y espectadores cada día.
Pero, al margen de ese panorama tan gratificante y alentador para cualquier hombre del rugby ¿qué seria de este juego sin su poder de transformación? ¿Qué seria del rugby sin su capacidad para transformar la realidad de la gente? En efecto, de poco serviría su alocado crecimiento y difusión por el mundo si el rugby no continúa siendo una herramienta transformadora.
Es saludable pretender su desarrollo y crecimiento, y es lógico también aspirar a que el rugby genere adeptos y simpatizantes por todo el mundo, pero de nada serviría si no va acompañado de su elemento distintivo.
Sin ese valor agregado que lo hace único, sin ese distintivo que lo eleva y enaltece por sobre el resto, el rugby se convertirá indefectiblemente en una disciplina ordinaria, ni más ni menos importante que otras tantas en el universo del deporte.
Sabemos ciertamente que el rugby es mucho más que un deporte, sino – por sobre todo – un medio para formar y educar a las personas, un instrumento para relacionarnos y un vehículo para evolucionar como personas sociales. Esta claro que convivimos a diario en un mundo contaminado, repleto de jóvenes sin rumbo, ni ideales; con individuos carentes de objetivos y sentido de identidad. Para todo ellos, el rugby puede representar un escape. Puede significar una brújula que guíe y orienta la conducta de los jóvenes en medio de tanto barullo y desorientación.
Conservar los principios fundacionales de este deporte constituye hoy el punto de partida, porque esta claro que un rugby huérfano de valores e ideales no sirve como herramienta transformadora. Como hombres de rugby, ese el verdadero desafío que tenemos por delante.
Aquella monumental obra iniciada en 1823, que logró transformar la realidad educativa de Inglaterra a través del rugby, es la que nos pone a prueba casi dos siglos después. De nosotros depende mantener al deporte al margen de la crisis y en condiciones saludables.
Sebastian Peraso (extraido de su blog http://rugbydidactico.rugbytime.com/ )
Etiquetas:
filosofia del rugby
jueves, 8 de octubre de 2009
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